Una licitación adjudicada, una obra, un centro de costo, la caja de producción del mes. Alguien aprobó un monto y hay un equipo gastándolo ahora mismo: en terreno, por WhatsApp, con boletas que llegan tres semanas tarde. Wezet Proyectos las ordena solo y te dice cuánto queda de verdad.
// 20 MINUTOS · TE LO MOSTRAMOS CON UN PRESUPUESTO TUYO
El control del proyecto vive en un Excel que mantiene alguien en particular. Esa persona sale de vacaciones, cambia de área o se equivoca en una fórmula, y no hay segunda opinión posible sobre cuánto queda.
Que ese gasto no era imputable al proyecto, que el ítem ya estaba consumido, que faltaba la factura y quedó a nombre de nadie. Todo eso se descubre cuando cuadran el mes, con la plata ya gastada.
Fotos de boletas repartidas en cinco conversaciones, y alguien transcribiéndolas a mano. Lo que no alcanza a llegar no se rinde, y lo que no se rinde lo termina pagando la empresa.
Cargas el presupuesto como lo tengas: el cuadro de costos de la licitación, la planilla del proyecto, el monto mensual que aprobó gerencia. De ahí salen las líneas, los ítems, los topes y el período. No transcribes nada a mano.
Cada línea se reparte en los meses del proyecto — o en el mes, si es una caja fija que se renueva. Mueves montos, escribes uno a mano o dejas que se reparta parejo: el total nunca deja de calzar con lo aprobado.
Le mandas un enlace a quien está gastando: el jefe de terreno, el productor, el que compró los materiales. Saca la foto de la boleta con el teléfono y listo — se leen solas el monto, el folio, la fecha y quién emite. Ve sólo su línea, y lo que entra queda esperando tu revisión. No transcribes ni persigues a nadie.
En vez de un avance en porcentaje que no dice nada, dos números: cuánto queda disponible y cuánto está en riesgo de no ser imputable al proyecto. Cada hallazgo apunta al gasto exacto, a la regla que rompe y a lo que hay que hacer.
Una alerta sin la regla al lado es una opinión. Y con una opinión no se discute un cierre de mes.
Las reglas no las inventamos: salen de tu política de gastos y de las condiciones del contrato o de la licitación, quedan escritas, y alguien de tu equipo las confirma antes de que se apliquen. Cuando un gasto rompe una, la alerta muestra de dónde sale — no “esto podría ser un problema”, sino el párrafo exacto.
Eso importa el día que hay que explicarle a finanzas, al mandante o a una auditoría por qué cada peso está donde está. Y también por qué una boleta no entró: lo que se rechaza queda con su motivo, no desaparece.
Sí. Sirve igual para una caja que se renueva —los gastos fijos de producción del mes, el fondo de una sucursal, el presupuesto de mantención— que para un proyecto con inicio y término. Lo único que hace falta es que alguien haya aprobado un monto y que haya gente gastando contra él.
No, y no debería. La contabilidad registra lo que ya pasó y ése es su trabajo. Esto es la capa de antes: el control del presupuesto mientras se está gastando, cuando todavía se puede hacer algo. Cuando toca cerrar, exportas en el formato que te pidan.
Sí, y es el caso normal: un jefe de proyecto ve el suyo y nada más. Hay tres roles —dueño, editor y lector— y el lector de verdad no modifica nada. El aislamiento lo aplica la base de datos, no la pantalla, y los documentos se abren con enlaces firmados que caducan en un minuto.
Funciona igual. El enlace de carga no necesita cuenta: se lo mandas por WhatsApp a un contratista, a un proveedor o a alguien en terreno, sube lo suyo y ve sólo su línea. Nunca entra a tu proyecto ni ve el resto del presupuesto.
Depende de cuántos proyectos y cuánta gente rinde, así que el precio sale de la conversación y no de una tabla. Lo que sí: lo vas a saber completo antes de decidir nada.
Todo lo que se lee de un documento queda editable y a la vista, con el documento al lado para comparar. Nada entra al presupuesto sin que alguien de tu equipo lo acepte.
Veinte minutos. Lo cargamos ahí mismo y ves las líneas, los topes y los primeros hallazgos sobre tus propios números — no sobre un ejemplo.
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